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sábado, 26 de enero de 2019

LA ISLA GRANDE DE CHILOÉ...

Ruta de las Islas de Chiloé

Era 20 de enero, y se cumplían este día los dos meses desde que llegué a Buenos Aires, para desplazarme posteriormente con Norberto a las Cataratas de Iguazú. 



El día anterior aprendimos varias cosas, una de ella es que las carreteras en Chile, se pagan como si de una Autopista de peaje fuera en España; y no todos los peajes son iguales pues de ida pagamos 600 PCL, o 0,80€ y a la vuelta nos cobraron 700 PCL, o 0,93€, que estas carreteras que son como una autovía, en ella hay paradas de bus que la gente usa para subir y bajar en ellas, y que por estas mismas autovías, por el arcén circulan con bicicleta; que la autovía a diferencia de como son en Europa, que están prácticamente valladas para que en ella no penetren animales, o personas, aquí esto no es así, y te puedes encontrar en medio, cualquier cosa, desde un perro a un vendedor de ollas y paellas en el peaje, y con toda seguridad, gentes que venden empanadas, agua fresquita, etc., etc., total que aquí se vive de otra manera, y esto nos demostraba que cuando estuvimos por la Patagonia, al sur de Chile, estábamos en la gloría. En las ciudades, esto ya cambia radicalmente.



Castillo San Miguel de Ahuy
Con nuestro coche de alquiler, salimos rápido hacia Puerto Pargua, previo peaje de autopista lógicamente, para cruzar a la Isla Grande de Chiloé, allí seguro que de nuevo recuperábamos la calma de lo salvaje. Entramos en la barcaza los penúltimos, y desembarcamos en Puerto Chacao, donde avistamos de nuevo lobos marinos descansando tranquilamente sobre las boyas flotantes del puerto. Una vez en la carretera, se habían acabado las autovías de peaje, nos dirigimos hacia Ancud, y de allí hicimos ruta hacía el Castillo de San Miguel de Ahuy. Este Castillo, fue el último reducto español antes de ser expulsados de Chile en el año 1826, la causa no fue otra que la independencia de Chile. Fue construido en madera de luma en el año 1777 por el ingeniero militar Manuel de Zorilla y Cano, bajo las ordenes del entonces gobernador Jose Antonio Carretón, fue refortificado en piedra Cancagua en 1818 a solicitud del nuevo gobernador Antonio de Quintanilla. Albergo hasta 250 hombres y tuvo una participación relevante en la resistencia realista siendo este el último bastión en caer en América del Sur. Lo declararon Monumento Nacional en 1991.

Vistas desde el Castillo de San Miguel 
Desde este sitio estratégicamente colocados, dominaban unas buenas vista, aquellos conquistadores.
Hoy desde aquí se ve un panorama al Pacifico con playas adyacentes que hacen que sea una parte perfecta para ir a descansar y bañarse en el mar.


Uno de los cañones del patio de armas

Recorrimos todo lo que quedaba de este Castillo, aunque poco había en pie, solo el polvorín, pues de edificación no había nada, y solo la plaza de armas con una colección de cañones de la época, y los fosos que estaban aun en pie.

Se acercaba la hora de comer, y hoy tocaba celebrar los dos meses de aventura, y los tres decidimos ir a comer, comida típica Chilota. Buscamos un restaurante donde pudiéramos degustar el Curanto al Hoyo.




El Curanto al Hoyo se presenta así



Encontramos en el camino, el pueblo de Quetalmahue, y en el restaurante del mismo nombre, degustamos este famoso plato que consta de: Mejillones, Almejas gigantes, Cerdo ahumado, un Muslo de Pollo, una Salchicha, y dos productos autóctonos, el Milcao y el Chapalele..., uno parece como si fuera pasta, y el otro es una masa de harina y tiene gusto a pan. Todo ello viene servido en un único recipiente, y se cocina enterrado en el suelo con fuego en el hoyo, y cubierto con hojas y cañas.

Una especialidad un tanto indígena, no?  lo acompañamos con unas cervezas artesanales que aquí en Chile están de moda, y mientras comíamos, nos iban acompañando el ágape con música en directo.



Recolectora de algas
Después de tan opípara comida, continuamos viaje hacía otra interesante parte de la isla, donde nos habían dicho que allí podríamos avistar pingüinos de nuevo. El lugar se llamaba Punihuil, pero las pingüineras eran un reclamo turístico de domingo, teníamos que embarcar y navegar a unas islas cercanas, pero nosotros optamos por pasear por la playa, y acercarnos hasta unas rocas que se veían al fondo. Aquí se podía circular con el coche por la fina arena compacta del lugar, y con el coche aparcado borde el agua, hacía allá nos dirigimos.

Al llegar vimos unas montañas de algas negras muy bien ordenadas, y de seguida salió de detrás de las rocas una señora con un saco a la espalda con más algas. Conversamos con ella, y nos explicó que este es su modus de vida. Que  las recoge y las vende a peso, y que tienen múltiples usos para productos de cosmética y cuidado del cuerpo. Que las tiene que dejar secar al sol, y que una vez secas pesan muy poco, las empaqueta un poco mojadas para que den en la báscula más peso y pueda ganar algo más, nos explicó ...las mojo con agua de mar, y así obtengo un poco más de dinerito..., "picaresca la hay en todos los lugares", ella no se esconde y nos lo contó alegremente.


Mirador de Dalcahue

En las cercanías donde estaba las señora recolectora de algas,  pudimos ver pingüinos sin necesidad de embarcarse y pagar por verlos, estaban allí, a la vista, solo había que desplazarse andando.  La tarde iba avanzando, y no teníamos aun decidido donde ir a dormir. 

Tomamos dirección a Castro, capital administrativa de la Isla Grande de Chiloé, pero descubrimos un pueblo llamado Dalcahue que tenía muy buena pinta. Encontramos un Mirador y nos encanto el lugar, con lo que buscamos alojamiento aquí. 




Nuestro alojamiento en Dalcahue
Desde el Mirador, descubrimos los primeros Palafitos, que son las construcciones sobre el mar, que están sustentadas por troncos debajo. 
Encontramos donde dormir, en La Costanera Hostel nos alojamos. Y tuvimos una suerte inmensa, pues nos atendió su propietaria, la Sra. Doris en persona, y nos contó la historia del viejo caserón donde estaba instalado su Hostel. El caserón tenía 125 años de antigüedad, y fue la mansión del fundador del pueblo, un tal Navarro, de apellido y español de origen. La casa conserva todo su encanto interior, y esta decorada y ambientada con los  muebles de la época.  Una belleza.




Nos instalamos, y salimos a conocer el pueblo, y contemplamos una nueva puesta de sol inolvidable. Además este día había eclipse de luna.

A su vez también, pudimos contemplar como la marea iba subiendo paulatinamente, y las barcas que se encontraban varadas en el suelo, empezaban a flotar sobre el agua que iba creciendo en altura.





En nuestro paseo, también descubrimos la primera Iglesia que forma parte de las Iglesias que han sido declaradas patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Son todas iglesias construidas en madera a partir del siglo XVII y que en un inicio fueron construidas por los evangelizadores españoles y reconstruidas o recuperadas en el siglo IXX, cuyas características artístico-arquitectónicas son únicas.

Como cada día, nos llego la hora de cenar y descansar, ya que al día siguiente queríamos continuar conociendo Chiloé.


Continuará...






viernes, 25 de enero de 2019

POR EL MAR PACIFICO RUMBO A PUERTO MONTT...



El Volcán Corcovado desde el Chaiten



Nos despedimos de Chaiten, y descubrimos que el Volcán Corcovado estaba a tocar. El día anterior estuvimos paseando por la costanera, por el pueblo, vimos todo lo que se podía ver, el Volcán Chaiten con sus fumarolas, pero el Volcán Corcovado, repasando las fotos del día anterior, estaba totalmente cubierto de nubes y no era posible verlo. Al dirigirnos hacía la sede Naviera Austral para presentarnos al embarque, lo descubrimos. Era impactante, estaba allí, y era espectacular. 

En la sede de Naviera Austral, nos presentamos media hora antes del embarque, ya que desde allí nos recogían en autobús y nos llevaban directamente a pie de barco. Puntualmente el barco salió y pudimos contemplar la costa de Chaiten desde el mar, y el Volcán Corcovado se veía en la lejanía y nos acompañó durante más de la mitad del trayecto.




A la izquierda el Volcán Michinmahuida, y a derecha el Chalten
El viaje por mar, era muy placentero, estuvimos navegando siempre viendo en nuestro lateral frontal derecho en el sentido de la navegación, o la Cordillera de los Andes, y en la parte frontal izquierda las islas archipiélago que hay al sur de la Isla Grande de Chiloé. 

El barco hacia una escala en el Puerto de Caleta Ayacara, allí descendieron pasajeros y subieron otros.

Los paisajes vistos desde el mar, eran impresionantes. La tranquilidad de la travesía nos permitía incluso poder hacer la siesta en las cómodas butacas que el barco llevaba. Durante la travesia contemplamos al paso, los volcanes Chalten, el Michinmahuida, el Calbuco, el Osorno, el Yate, el Apagado y después de cinco horas navegando, todavía se contemplaba el majestuoso Corcovado.


Puerto Montt desde el mar
Cuando faltaban diez minutos para las ocho horas de la tarde, estábamos entrando en el canal que hay entre Puerto Montt y la pequeña Isla de Maillén, donde se encuentra el puerto industrial y de pasajeros de la ciudad. Esta zona es conocida como Ángel Moo, y allí hay gran cantidad de restaurantes típicos y la Feria de Artesanía y Mercado de la ciudad.  Vi que algo había cambiado, ya no estaba viendo un pueblo como hasta ahora, y ya me di cuenta que estaba llegando de nuevo a la civilización urbanita. Era una ciudad en toda regla. Había autobuses de línea normales, que los llaman colectivos, son como los conocemos nosotros aquí. Los taxis-buses, esto no es conocido en Europa, y son taxis que hacen el recorrido siempre fijo de un lugar a otro, y que llevan un letrero en el techo que indica su recorrido, y las personas los pueden parar alzando la mano siempre que haya una plaza libre dentro del coche, y tienen un precio fijo por recorrido. Y taxis normales que funcionan con taxímetro, o pactando el precio del recorrido antes si sabes lo que se puede pagar de antemano, sino lo sabes, mejor pedir el taxímetro.

La hamburguesería sin alcohol... 
Desembarcamos en el puerto, y nos pusieron un autocar para trasladarnos a la terminal de pasajeros, lugar donde teníamos que recoger el equipaje. Salimos a la ciudad con todo nuestro equipaje, y no tuvimos más remedio que coger un taxi hasta el Hostel que teníamos contratado para los dos próximos días.  

Nos instalamos y nos fuimos a dar una vuelta buscando un restaurante para poder cenar tranquilamente. Encontramos una hamburguesería, y sorpresa, pedimos cerveza y nos dijeron que ellos no estaban autorizados a vender alcohol. Una novedad que acabamos de descubrir, y que nos explicaron que si están a menos de 50 metros de una escuela, no se les concede la licencia para la venta de alcohol. Se ve que Chile es diferente...




Puerto Varas, recuerda un pueblo alemán...
Al día siguiente, salimos a la caza de un coche de alquiler, pues queríamos aprovechar los cuatro próximos días para hacer visitas alrededor de Puerto Montt y desplazarnos a visitar la Isla Grande de Chiloé. Encontramos un coche a precio razonable y rápidamente este mismo día nos desplazamos  a hacer la vuelta completa al lago Llanquihue, con lo que salimos dirección a Puerto Varas. 

Puerto Varas es un pueblo turístico a borde del lago, solo entrar nos dimos de frente con el Mirador, y desde este se podía contemplar el Volcán Osorno. Recuerda un pueblo alemán, pues antaño este pueblo fue colonizado en el año 1842 por alemanes que se instalaron en esta zona, y lleva la impronta alemana. 




Los Saltos del río Petrohue
Desde Puerto Varas, y siguiendo la carretera 225-H, nos dirigimos a visitar los Saltos del Río Petrohue, que están dentro del Parque Natural Vicente Perez Rosales.  Es una zona volcánica que se ha formado y por donde discurre el río, creando caprichosos saltos de agua, que se pueden recorrer a través de puentes o pasarelas, y a través de senderos. Empleamos unas tres horas en visitarlo, y al salir del Parque, nos dirigimos a conocer el pueblo de Petrohue que se encuentra situado al lado del Lago de Todos los Santos. La zona es volcánica, y que está totalmente colgada de ceniza volcánica a causa de la última erupción en 2015 del Volcán Calbuco, que arrojo 200 millones de toneladas de ceniza y piedras, y allí es bien palpable. El pueblo, no existe, pues solo encontramos un Hotel Lunge de alto standig, y un museo de la zona. La ceniza esta presente y cubre gran parte del paisaje, es increíble las montañas que hay de ceniza a los lados de la carretera y del lago...




En la estación de esquí del Volcán Osorno
De allí, nos dirigimos a subir a la estación de esquí que hay en la falda del Volcán Osorno, para así poderlo contemplar de cerca. Llegamos demasiado tarde, faltaban diez minutos para las seis de la tarde, y los telesillas que te subían a lo más alto de la estación los cerraban a esta hora. Las vistas desde ahí arriba eran espectaculares, el volcán a tocar con las manos, y a nuestros pies la inmensidad de agua del Lago Llanquihue.  Una vez terminado el pequeño "paseo", continuamos para bajar de nuevo a la carretera circular para ir a comer/cenar/merendar a Puerto Octay, otro pueblo de ascendencia alemana, pues aquí aún hoy se conservan casas originales construidas por los colonos alemanes en 1845. Una de estas casas la pudimos visitar por su interior, era nuestro restaurante. Nos comimos una cazuela de marisco, y unas empanadas caseras acompañadas de cerveza artesanal que no se la salta cualquiera. Con la tripa llena nos toco terminar la vuelta.



El Volcán Osorno con la puesta de sol

Y llegamos a Frutillar, otro pueblo turístico, que tiene un puerto deportivo para barcas a vela. Desde el Parque que estaba frente al lago, tuve la suerte de poder ver la puesta del sol, y pude tomar la imagen del Volcán Osorno en color naranja.

Y ya nos dirigimos de nuevo hasta nuevo Hostel en Puerto Montt, para preparar los equipajes, descansar y preparar la salida al día siguiente hacía la Isla Grande de Chiloé. Os lo contaré en otra crónica de mi viaje próximamente...


Continuará...


jueves, 24 de enero de 2019

CHAITEN, LA REGIÓN DE LOS LAGOS Y SUS VOLCANES...



Las 06:00 horas esperando el bus para Chaiten


Finalmente el día 16 de enero, puntuales a la cita, 06:00 horas, aún oscuro y sin salir el sol, como un clavo de nuevo en la parada del autobús para irnos hacía el Chaiten.

Esta vez, si llego el bus, y nos montamos en él, teníamos un recorrido de más de cuatro horas por la Carretera Austral norte, y esperábamos llegar a destino sobre las once de la mañana. No habíamos reservado alojamiento, ya que dependiendo de la hora podíamos enlazar con otro autobús que nos llevaría a Puerto Montt, final de lo que se considera la Patagonia Chilena.





Brutal árbol en medio de la carretera
El día fue levantándose, salió el sol, se nublo y llovió y las vistas de la belleza del paisaje no dejaban de pasar a través de la ventanilla del bus, sea cual fuere el estado del tiempo. 

De repente, el bus efectúa una parada en seco en la carretera y el chófer con algunos pasajeros se apean del mismo, yo no entendía que estaba pasando, era aquello una parada facultativa?, noooo, era un inmenso árbol que estaba cruzado en mitad de la carretera, y que alguien anteriormente había cortado con una sierra mecánica, pero no lo suficientemente ancho para que pasara un camión o un bus. El chófer pidió ayuda a los hombres que estaban en el bus para que le dieran una mano a apartar un poco aquel obstáculo que impedía nuestro paso. Entre varios hicimos el espacio justo para que pudiera pasar el bus, y tuvimos que ayudar ha efectuar la maniobra al chófer, pues se había dejado el espacio muy justo para nuestro autobús. El camión que venía detrás, pensé yo, que no pasaba, pero visto lo visto, l se arreglaría, aquí cada uno se apaña. Le pregunte al chófer si aquello era habitual en este trayecto, y su respuesta fue: ..."son cosas de la naturaleza...", y de nuevo continuamos ruta. 


La traza del aluvión que arrasó Villa Santa Lucía.




Al rato, otra vez la carretera dejaba de ser asfaltada, y de nuevo vamos sobre ripio, que pasó? miré por la ventanilla del bus, y nos encontrábamos cruzando Villa Santa Lúcia, un pueblo que desapareció del mapa el pasado 16 de diciembre de 2017, llevándose también la Carretera Austral a causa del  brutal aluvión que organizó el deshielo de una parte del glaciar. La principal causa de este aluvión fue la gran cantidad de lluvia que cayo entre los días 15 y 16 de diciembre, que alcanzo más de 125 litros por metro cuadrado en solo 24 horas. 



La marca del desastre a día de hoy está presente
Esto hizo que una parte del Glaciar Michimahuida se desprendiera y arrasara a su paso todo lo que encontró en su camino. El desplazamiento fue de este a oeste. En este desastre natural, murieron 30 personas, que se encontraban en sus casas a las 08:30 horas, y que a día de hoy, todavía hay un desaparecido que no se ha encontrado. Se desconoce la cantidad de turistas que pudieron perecer en este desastre, ya que ellos no están registrados, pero según me dijeron gente de allí, era muy normal que chicos que recorren la Patagonia en bicicleta, usaran el camping y los alojamientos de este pueblo como punto de parada y descanso de su ruta. Había pasado mas de un año, y se veían claramente las marcas del desastre, aunque el pueblo no existía, ya se estaba de nuevo trabajando en otra parte para poder reconstruirlo de nuevo, y por eso, la Carretera Austral estaba provisionalmente en ripio.



Flamante puente colgante sobre el Lago Yelcho



Y dejamos atrás Villa Santa Lucía, o lo que quedaba de ella, y continuando por la carretera de nuevo asfaltada, llegamos al Lago Yelcho, que lo cruzamos por su flamante nuevo puente colgante que se construyo conjuntamente con la Carretera Austral.

El paisaje con sol en aquello momentos era realmente excepcional, yo estaba atónito de ver tanta y tanta belleza junta. 




El Chalten quedó sumergido en cenizas, aquí la muestra
Y finalmente después de más de cuatro horas largas, para recorrer los 180 Km de distancia que hay entre Puyuhuapi y el Chalten, llegamos a el Chalten Sur. Aquí nos esperaba otra sorpresa. Porqué el Chalten Sur?, que significaba? Pues nos informamos del porqué? El pueblo se había dividido en dos, y es que el 1 de mayo del 2008, ahora se cumplieron 10 años, el Volcán Chaiten entró en erupción, y el pueblo quedó bajo toneladas de ceniza, pero aquí a diferencia de Villa Santa Lucía, no hubieron desgracias personales, solo materiales ya que el pueblo fue evacuado a tiempo y en su totalidad. La gran cantidad de ceniza, tapono el Rio Blanco, y a su vez el volcán descongelo gran parte de las nieves perpetuas y glaciares que lo envuelven en su cráter, lo que hizo que el Rio Blanco, cambiara su cauce y fuera de nuevo a escaparse por lo que había sido su cauce natural anterior, llevándose con la riada el pueblo y dividiéndolo en dos, tal como se encuentra en la actualidad. El pueblo se ha recuperado de nuevo, pero mantiene una zona monumental museo de como quedo por aquellos tiempos.




Mi informador del desastre.
Como llegamos pasadas las once de la mañana, nos tuvimos que buscar la vida y encontrar alojamiento, y lo encontramos, a buen precio y con desayuno incluido de calidad. El hecho de no tener que marchar seguidamente nos permitió conocer a fondo el pueblo y pudimos visitar el museo del desastre, la cárcel, que en la actualidad esta abandonada y vacía lógicamente, la costanera o playa, el nuevo cauce del río y sus aledaños, hablar con gente del pueblo y escucharles explicar las vivencias de aquellos días, etc., etc. Para el  día siguiente compramos billete para desplazarnos hacía Puerto Montt, pero en lugar de ir en Bus, tardaba 13 horas en llegar, optamos por ir en barco. Nos costó más barato y el recorrido marítimo nos sería más agradable, y solo tardaba 9 horas, 3 menos que el bus. 


Volcán Chalten con sus fumarolas
En el Chaiten, pudimos ver con nuestros propios ojos, el primer volcán que expelía fumarolas, el Volcán Chaiten continúa activo a día de hoy, y cerca de el, se encuentra el impresionante Volcán Corcovado.

Así mismo al pasear por la costanera y su playa, contemplamos la gran cantidad de troncos secos que están dejados allá, y que perduran desde el día de la riada. Nos pudimos dar aquí también cuenta de la magnitud del desastre que ocurrió, aunque ha decir verdad, los lugareños te lo cuentan como una cosa normal, y parece ser que están acostumbrado a ello, pues te lo explican con una normalidad pasmosa y te dan todo tipo de detalles. En esta zona, hay infinidad de volcanes, no en vano Chile mas de 2.900 volcanes, de los cuales 80, según expertos, registran actividad. Además, el territorio nacional posee el 15% de todos los volcanes activos del mundo. Entre todos destaca el Volcán Villarica, que visitaremos más adelante, que con 64 erupciones a lo largo de su "activa" historia. 

Acabamos el día con una buena cena en nuestro Hostal El Quijote, departiendo amablemente con su propietario e hija, y preparándonos para la travesía marítima del próximo día, pero esto os le contaré en otro capitulo. En Puerto Montt se acaba la Patagonia, y empezará otra interesante parte del viaje.


Continuará...








miércoles, 23 de enero de 2019

PUYUHUAPI Y SUS ENCANTOS ...









Parque Natural Queulat y su Ventisquero colgante 

Como había escrito al final de mi última crónica, teníamos un día especialmente duro, habíamos planeado ir a subir al Mirador del Ventisquero Colgante en el Parque Nacional del Queulat. Salimos muy temprano desde nuestro Hostel Ventisquero, ya que el chófer del micro bus que nos llevo hasta la entrada del Parque Natural era a la vez el propietario de donde nos alojábamos, lo que nos hizo ser de los primeros en llegar al Parque Natural. 

Pagamos la correspondiente entrada de rigor, 5000 PCL, o lo que es lo mismo 6,50 €, y después de escuchar los consejos de los guarda parques, cruzamos el puente colgante que nos daba acceso para empezar la caminata, y empezamos a subir sin parar continuamente. 

La caída del témpano al vacio

La subida se las traía, no en vano ya avisaban de la dureza del trazado, y en algunos casos lo complicado del terreno, pues entre barrizales, arboles caídos, y riachuelos, la subida era de nivel alto.

Después de más de tres horas de sufrimiento, llegamos al Mirador, y el espectáculo era impresionante. Nos recuperamos del esfuerzo y nos quedamos contemplando el Glaciar, cuando de repente y sin avisar, nos sorprendió con un desprendimiento, efectuando una espectacular explosión al impactar el hielo en la parte inferior, levantando una polvareda blanca que nos dejo a todos sin palabras. No me dió tiempo a poder filmar el completo desarrollo de la caída del tempano, no estaba preparado, pero si pude dejar constancia de la nube y todavía el sonido de la explosión al impactar con el suelo.  Podéis ver los videos en el apartado de videos del viaje de este blog. Al rato de estar nosotros en el Mirador, llegó nuestra amiga del día anterior, Pamela que también nos había dicho que tenía programado lo mismo que nosotros, pero con otro tipo de transporte al parque, con lo que solo coincidimos en mirador por poco tiempo.



El Ventisquero Colgante desde el Lago de los Témpanos
Al rato iniciamos el descenso, íbamos justos de tiempo, quedaba aún ir a ver el Lago de los Témpanos, y desde allí poder contemplar otra visión del Ventisquero,  y a su vez, el nacimiento del Rio Ventisquero  que se forma al pie del valle por el desagüe del Lago de los Témpanos que recibe las aguas del glaciar. 

A las 14:30 horas, nos esperaba de nuevo el micro bus para llevarnos de  vuelta a Puyuhuapi. Muy cansando regresé al Hostel Ventisquero, y por la tarde me dediqué a hacer la siesta y descansar. Entrada la tarde/noche, de nuevo regresamos los tres  a nuestro bar preferido, y allí pudimos saborear una especialidad de la casa, el Pisco Sour con sabor a frutas de Calafate. Cenamos y ya teníamos organizado con el chófer del micro bus, donde iríamos al día siguiente.  No era otro lugar que a las Termas Ventisquero..., nos las habíamos ganado¡ 



Termas el Ventisquero
Al día siguiente y de acuerdo al plan trazado, nos fuimos a pasar el día de relax, reflexión y tranquilidad a las Termas, para recuperar las fuerzas que dejamos en el camino al Mirador del Ventisquero.

Disfrutamos de un esplendido dia de sol, y nos bañamos en las cuatro diferentes pozas de agua termal, que estaban situadas estratégicamente para que empezara uno a remojarse en 31º, después pasar a 34º, y otra a 37º, para terminar cociéndote en agua a 40º.

Cada vez que salías del agua caliente, tenías la posibilidad de bañarte en las aguas del Fiordo Queulat, que tenían una temperatura de 12º. Yo me bañé repetidamente en el Fiordo, creo que me he bañado más en el mar, que al estar fría estaba exquisita. Las pozas eran un suplicio, el agua estaba caliente y costaba aguantarla, y en la de 40º, habia que estar preparado mentalmente para aguantar la temperatura del agua.  No se podia estar mucho rato dentro del agua caliente, recomendaban estar unos 10 minutos máximo para que no hubiera riesgo para tu salud.


El baño en el Fiordo Queulat a 14º de temperatura el agua
Rojo como una gamba, pues no en vano el sol picaba de valiente, regresamos a media tarde al Hostel. En las Termas tenían un pequeño restaurante con especialidades de comida italiana, "solo pasta", y allí comimos.


La cena del día la conseguimos en nuestro bar preferido, donde también degustamos es Pisco Sour tradicional para poder decidir cual de los dos era el mejor. Por unanimidad se decidió que el mejor Pisco Sour era el de frutas de Calafate. Al día siguiente teníamos que estar a las 11:00 horas en a parada del autobus para continuar viaje, pero no disponíamos de billete, y era martes el único día en que pasaba entre las 10:00 y las 12:00 horas. No había horario fijo pues venía desde lejos y en la Carretera Austral hay muchas sorpresas e imprevistos que no garantizan horarios fijos.  







Esperando el bus que nunca paso...
Pero fué divertido, nosotros y otras doce personas esperábamos desde las 10:00 horas la llegada de este autobus semanal  para dirigirnos a Chaiten. Pasaron las dos horas, y al cabo de otros 45 minutos nos decidimos por ver que pasaba. Fuimos a la policia del pueblo a informarnos,  y sorpresa, nos dijeron que efectivamente el autobus había pasado por la carretera, pero que no se había detenido en el pueblo, por no se sabe que razón, con lo que allí nos quedamos tirados y tuvimos que regresar de nuevo al Hostel y quedarnos un día más. 


Esta vez, compramos billete para el día siguiente, con mucha suerte, pues solo habían cuatro a la venta y nosotros éramos tres. El bus salía puntualmente de Puyuhuapi a las 6 de la mañana, todavía de noche y allí estaríamos para continuar nuestro viaje...


Continuará...



lunes, 21 de enero de 2019

DE COYHAIQUE HACIA EL NORTE POR LA CARRETERA AUSTRAL NORTE...







Jose y Norberto en el bus, a punto de marcha
Nos habíamos tomado el día de descanso, pero al ir a comprar billetes de autobús para irnos hacía el norte por la Carretera Austral, nos dijeron que podíamos salir este mismo día a las 15:00 horas en dirección a Puyuhuapi, unos 270 Km al norte de Coyhaique, unas cuatro horas y media de viaje. 

El recorrido a esta hora por carretera y sin tener que estar pendiente del que conduce, es fantástico.  Los paisajes de la Patagonia chilena, no me cansaré de decirlo, son realmente excepcionales, para mi superan todo lo que yo conocía de otras partes. Realmente sentado en mi plaza del autobús, no sabía donde mirar y que fotografiar.  Las fotos que realice durante el trayecto, al ser hechas a través del cristal del vehículo, salen con reflejos y suciedad, pero no paraba de fotografiar y fotografiar. Tenéis en el archivo fotográfico del blog buena muestra de ello. 








Sin palabras
El chófer del bus viajaba con su familia, lo que hizo que tuviera que hacer una parada por sorpresa en un lugar llamado La Confluencia, pues su hijo tenía necesidad de utilizar los baños, y con esta escusa pudimos todos bajar a estirar las piernas. En este lugar se paran normalmente otros autobuses, con lo que a nuestra llegada había preparada la venta ambulante. Aquí en Chile, ahora que estamos más al norte, y no es tan exclusivo como la parte de la Patagonia sur, la gente se busca la vida, y te venden en la carretera, o cuando te paras con el coche cualquier cosa.  He visto hasta un señor vendiendo unas barbacoas solares a pie de carretera. Y las empanadas, las vendes en cualquier lugar. La gente  busca como ganarse la vida, pues a ellos también les resulta caro su país. En esta parada facultativa por necesidad del hijo del conductor, como no iba a ser menos, al bajar nos encontramos a unas señoras que nos vendieron por 1.000 PCL, lo que son 1,29 €, un kilo pesado de cerezas acabadas de coger del árbol, y que eran buenísimas. Casi en el trayecto entre foto y foto me las comí todas, y las que quedaron al día siguiente habían desaparecido. Que buenas que estaban...





Sin palabras, dos...
Al poco rato, 10 minutos aproximadamente, emprendimos de nuevo la ruta, Tanta belleza paisajista junta es difícil de retener en la memoria, suerte que tenemos las cámaras digitales que me graban los mejores momentos de este viaje irrepetible. Como os decía, el autobús seguía hacia Puyuhuapi, y lo que iba viendo me presagiaba un buen y ameno viaje. La película que pasaba por delante mio no me dejaba tiempo a distraerme. Es una maravilla¡¡








Sin palabras, tres...
Nos íbamos acercando al Parque Nacional Queulat, y los paisajes eran increíbles. El autobús hizo una parada en Puerto Cisnes, donde algunos pasajeros se apearon del mismo. Hasta este momento todo el viaje había transcurrido por una carretera asfaltada, normal como las conocemos nosotros, pero la Carretera Austral nº 7, no esta totalmente asfaltada. Ya os comente que cuando viajamos en nuestro coche de alquiler, la totalidad del recorrido efectuado durante cinco días, fue por carreteras de ripio. Solo unos kilómetros  antes de Coyhaique, la carretera esta asfaltada y saliendo de Coyhaique en dirección norte, lo esta también, salvo en algún pequeño tramo. A partir del cruce con  Puerto Cisnes la carretera se adentra en el Parque Nacional Queulat, que es de propiedad privada, pues el estado chileno se lo vendió a precio de saldo a un señor extranjero que no recuerdo su nombre, y que no permite que por sus tierras la carretera sea asfaltada. Esto es el comentario que me han hecho varias personas de estos lugares y que sufren el problema de la carretera para poderse desplazar. 






Llegando a Puyuhuapi después de pasar por el Queulat
Realmente el recorrido por dentro del Parque Nacional del Queulat es excepcional, no por sus vistas, que también, pero es realmente excepcional el poder conducir un autobús de pasajeros de las dimensiones del nuestro y que a cada curva tenga que hacer maniobras porque no gira, y todo el Parque es una curva constante. Es una "paella" detrás de otra "paella", vaya como la Rabassada de Barcelona, pero  mucho más bonito. La carretera a veces se estrecha tanto que no pasan dos coches a la vez, y en una de esas curvas, casi nos choca otro mini bus que venía embalado, y de sorpresa se encontró con el nuestro haciendo la maniobra para girar. Tardamos más de una hora, larga en hacer el recorrido de bajada, pues en dirección norte, en el Parque Nacional se baja, y yo me pregunto, como será la subida con unos de estos bichos? Yo no lo experimentaré, pues la entrada del Parque Nacional Queulat, está en la parte baja, junto al Fiordo Queulat,  que es donde también desemboca el Río Uspallante, y otros, pues de ríos y saltos de agua no faltan. La Carretera Austral nº 7, bordea todo el fiordo del Queulat, y el fiordo termina creando una bahía donde se encuentra Puyuhuapi. 





La playa que se forma en la Bahía de Puyuhuapi
Allí llegamos pasada buena tarde, pero todavía con sol. Fuimos a encontrar nuestro alojamiento que estaba a tocar de la parada del bus y del centro del pueblo, pues todo es centro, de lo pequeño que es el pueblo, y una vez aposentados en el Hospedaje Ventisquero, salimos a dar una vuelta y a tomar una cervecita. Paseando por el puerto, vimos una bella muchacha sola, sentada en un banco, y nuestro experto en estas lides, el Sr. Norberto, se acerco a ella a darle conversación, y encontramos a Pamela, una maestra chilena de pre-escolar, y psicóloga que viaja sola y quiere conocer el sur de país, que nos confeso que hay una gran cantidad de chilenos que jamás estarán aquí, porque todo vale el doble que en el norte. Nos hicimos unas graciosas fotos, pues ella nos pidió repetir unas que anteriormente le habían hecho y que no le gustaban en el panel de Puyuhuapi. No sería simpático el fotógrafo anterior, y por nos eso escogió a nosotros para dejar la instantánea para la posterioridad,  y terminamos los cuatro en el bar del pueblo tomando cerveza y  pisco saur, y comiendo hasta media noche, contándonos historias de la vida y experiencias de nuestro viaje y del suyo, y riéndonos a carcajada suelta. Quizá nos hicieron efecto las bebidas que tomamos, yo no me acuerdo...



Pamela y sus chicos...






Al día siguiente teníamos todos preparada una excursión de alto nivel, y había que ir a a dormir, pues nos esperaba la subida al Ventisquero Colgante del Parque Nacional Queulat, más de dos horas de dura subida para llegar al Mirador del Ventisquero, pero esto ya os lo contaré en otro rato.




Bienvenida a Puyuhuapi



Continuará...


Atardecer en Puyuhuapi